Beatriz Gómez Psicóloga
Beatriz Gómez     Psicóloga

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07.12.2016
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¿Qué significa para nosotros tener una pareja o ser parte de una pareja?, es elegir con quien compartir tu vida, tus objetivos, establecer cuáles son nuestros límites como pareja y a nivel individual, qué tipo de compromiso tenemos, cómo es nuestra intimidad, nuestra comunicación, cómo hacemos frente a los problemas, la manera de relacionarnos entre nosotros, cómo negociamos los planes que a ambos no nos apetece o gusta hacer, qué papel desempeñamos, cómo nos entendemos en nuestras relaciones eróticas, etc. Es mucho más que mera interacción, por lo que a veces es normal que puedan surgir conflictos entre las parejas debidos a diferencias de opiniones, pero sobre todo a la hora de ceder, porque ambos miembros de la pareja quieren ganar y no nos damos cuenta de que es más optimo que uno de los miembros gane y el otro pierda, a que pierdan ambos de ellos.  Y es que en una pareja la democracia no sirve, porque es cosa de dos. Cada pareja tiene su forma de tratarse entre ellos, cómo gestionan sus conflictos, qué limites establecen entre ellos y entre las personas de su alrededor, la gestión del tiempo de cada uno y el de ambos, etc. Hay muchas tipologías para el amor y mientras que a ningún miembro le genere malestar las conductas del otro, no suelen aparecer los conflictos. El problema surge cuando en vez de cooperación, aparece la competitividad, en vez de mantener tu independencia y tu “libertad”, aparece la dependencia, en vez de tener en cuenta tu opinión, aparecen las imposiciones, en vez de compartir tú tiempo con tu pareja, aparecen dificultades para mantener el vínculo. Algunos de estos problemas pueden surgir de creencias o tópicos sociales que tomamos como verdades absolutas, y por ello vamos a desmentir algunos de ellos. -          “Mi media naranja”; nos centramos en buscar a esa persona ideal, perfecta, esa persona que nos complementa. Creamos una idealización y exigencia a la hora de buscar pareja, por lo que es difícil que una persona sea compatible con otra al 100%. No es cuestión sólo de elegir a nuestra pareja, la cuestión es aprender a gestionar los conflictos que pueden aparecer. -          “No me entiende” o “no tiene razón”; a veces estamos tan metidos en nuestro punto de vista, que creemos que es una única verdad y en realidad hay tantas verdades cómo personas hay en el mundo.  Tenemos que conocer el punto de vista de la otra persona antes de anticipar o dar por hecho por qué ha actuado de esa manera. Sentarnos y comunicarnos con nuestra pareja es fundamental. -          “Somos uno”; tendemos a pensar que hay que hacerlo todo en pareja y en verdad tenemos que cultivar cierta independencia. Tenemos que tener nuestro jardín privado, actividades que realicemos con amigos, familiares o solos. -          “Tiene que cambiar”; querer cambiar a la otra persona es un error, porque tenemos que querernos tal y como somos. Cuando intentamos cambiar a una persona la relación puede verse afectada de una manera negativa. -          “Él o ella es el que me tiene que pedir perdón”; dos personas no discuten si una no quiere, no hay que buscar culpables, sino aprender a gestionar problemas y buscarles solución. -          “Es muy egoísta”; si llamo a mi pareja egoísta es un signo de egoísmo en sí, porque estamos trasmitiendo que la otra persona no está actuando cómo nosotros queremos o cómo no compartimos. -          “Con mi pareja tengo que darlo todo”; cuando damos todo por una persona nos estamos olvidando de algo importante, nosotros, tenemos que cuidarnos primero para poder estar bien y disfrutar con los demás. Por ejemplo, nosotros tenemos en una huevera doce huevos, se los damos a nuestra pareja y meses después, rompemos con ella o él, hemos perdido todos nuestros huevos, por lo que será más doloroso para nosotros volver a empezar, que si en vez de doce huevos hubiéramos puesto 4. La relación de pareja hay que cuidarla, ya que es la pareja la que tiene que fomentar y cultivar el amor y no al revés. Tenemos que respetarnos a nosotros mismos y entre nosotros, aceptar y aceptarnos, decir de manera adecuada con lo que no estamos de acuerdo, reforzar a nuestra pareja y a nosotros mismos, etc. “Y es que el amor no necesita ser entendido, simplemente necesita ser demostrado” (Paulo Coelho)
01.11.2016
Mi Rinconcito
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"El duelo nos permite sanar, recordar con amor y no con dolor.  Es un proceso de clasificación.  Una por una, nos desprendemos de las cosas que se han ido y lloramos.  Una por una, tomamos las cosas que han pasado a formar parte de quienes somos y seguimos adelante."                                                                  Rachel Naomi Remen ¿Qué es el duelo? Es una reacción adaptativa emocional, física, psicológica y conductual ante la pérdida de un ser querido, de una ruptura sentimental o un momento significativo para nosotros. Es uno de los eventos vitales más estresantes a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, y es que, estamos rompiendo un vínculo con una persona muy importante para nosotros. Esta reacción es un proceso normal que aprendemos a gestionar progresivamente, pero que conlleva dolor y sufrimiento con mucha intensidad. Cada persona vive el duelo a su manera, no hay dos personas que vivan igual un duelo porque cada persona tiene determinadas experiencias previas vividas, diferente relación con la persona fallecida, diferentes formas de afrontar los sucesos, diferencias invidivuales, etc., por lo tanto la intensidad y la duración de un duelo varía de unas personas a otras. En mi opinión para conocer si hemos superado un duelo, no se trata de contar cuantos meses han pasado desde el fallecimiento de esa persona, sino de la gestión que hemos realizado de este proceso. Si que hay que incidir que cuando este proceso se mantiene mucho en el tiempo con una sintomatología determinada, es conveniente buscar ayuda de un profesional porque puede complicarse este proceso y puede ser perjudicial para nosotros. ¿En qué consiste el proceso? Cuando alguien de nuestro entorno fallece todo nuestro mundo cambia; nuestra vida cotidiana, nuestra estructura familiar, social o sentimental, nuestra realidad se torna en caos y de alguna manera nos sentimos más vulnerables o inseguros al perder a esa figura con la que compartíamos un vínculo y un apego, por lo que también nos sentimos vacíos o extraños, cambia nuestra manera de ver la vida y de sentirla (suele ser de manera temporal).  Para poder volver a reestructurar nuestra vida tenemos que ir poco a poco, sin pasos bruscos, asentando los pasos que vamos dando, sin prisas por "estar o encontrarnos bien". Todo este proceso se va realizando de una manera progresiva en la que vamos cerrando distintas etapas, en donde podamos recordar a la persona fallecida sin mostrar tanto dolor o sentimientos de malestar tan intensos y es que, siempre va haber una emoción asociada al recuerdo de esa persona, pero lo que queremos conseguir es que no sea tan intenso. ¿Cómo se puede manifestar? Lo que más malestar nos genera es a nivel emocional o afectivo, nos produce mucho dolor, intensas emociones o sentimientos como tristeza, ira, ansiedad, culpa, inseguridad, alivio (si la persona que ha fallecido a pasado por un proceso complicado de enfermedad), soledad, confusión, etc. También a nivel cognitivo encontramos pensamientos que van en sintonía con estas emociones; por que ha tenido que ser ella/él, no es justo que se haya ido, le echo mucho de menos, me encuentro muy solo/a, etc.  Encontramos manifestaciones físicas cómo falta de energía, sensación de estar desconectados con el mundo, nudo en la garganta o en el estomago, alteraciones del sueño o pesadillas, etc. Por último nuestras conductas también se ven afectadas; lloro excesivo, dormir más o menos, comer más o menos, hacer más cosas, recordarle constantemente, hablar con el fallecido, etc. Estas manifestaciones son completamente normales, están en el proceso del duelo y aunque a veces sean muy intensas o pensemos que nos estamos volviendo locos, tenemos que normalizarlas. Cómo gestionarlo Cómo he mencionado antes existen una serie de procesos que elaborar para facilitar el duelo: Aceptar la pérdida, tenemos que asumir que la persona fallecida se ha ido y no va a volver, Es un proceso muy duro, porque es realmente cuando somos conscientes de la magnitud de la situación. Gestionar el dolor de la pérdida, hay que entrar en contacto con el dolor de la pérdida, con los sentimientos y emociones, tenemos que reconocerlos o identificarlos y aprender a modularlos, ya que si los intentamos evitar o reprimir estos se tornarán más intensos o más frecuentes y puede prolongar el duelo. Preguntarnos ¿Por qué estoy enfadado/a? ¿Podría haber hecho algo más? ¿Qué echo de menos?. Si necesitamos hablar sobre la persona fallecida, hablemos sin miedo, si necesitamos llorar, lloremos, tenemos que ir canalizando los sentimientos y dolor. Normalizar nuestros sentimientos, emociones, síntomas físicos o conductas. Adaptarnos a vivir sin la persona fallecida, aprender a tomar nuestras decisiones, a aumentar nuestra autonomía y fomentar ser personas independientes, pero sobretodo, dotar de sentido la pérdida, ver si encontramos algún aspecto positivo, por ejemplo, que la persona que se ha sufrido una enfermedad terminal no ha sufrido más. Encontrar un espacio para la persona fallecida, establecer un vínculo para poder recordarla cuando nosotros queramos y saber que sigue estando presente en nosotros, pero tenemos que seguir con nuestra vida. Anticipar fechas que sean importantes para nosotros, y es que si sabemos de antemano qué emociones o sentimientos pueden aparecer, podemos gestionarlo de una manera mejor que si nos encontramos con estos de una manera inesperada. Despedirnos de la persona fallecida, podemos decir o escribir todos los asuntos que han quedado pendientes o poder decirle adiós si no hemos tenido la oportunidad, de esta manera facilitaremos el proceso de duelo. En conclusión podemos decir que es un proceso en el que cada persona recorre su camino a su ritmo, no es un camino nada fácil, pero tenemos que recorrerlo. No es un camino corto, pero tenemos que recorrerlo. Es un camino que comenzamos acompañados y ahora no lo estamos, pero tenemos que recorrerlo.
25.10.2016
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Nuestra vida sexual viene determinada por nuestras experiencias previas, por cómo nos han educado en esta área, por cuál ha sido nuestro aprendizaje y cómo lo hemos llevado a cabo. Somos seres sexuados y vamos descubriendo nuestra identidad y nuestra orientación sexual. La sexualidad es mucho más que la práctica de determinadas conductas, son actitudes, sentimientos, el componente social, biológico o cultural de cómo vivimos nuestro sexo (si nos consideramos heterosexuales, homosexuales, si somos más femeninos, etc.), cada persona lo vive de manera diferente y se va construyendo a lo largo de nuestra vida, y la manera que tenemos de expresar nuestra sexualidad es a través de la erótica. Es una de nuestras funciones básicas y es un área importante para nosotros, no solo para reproducirnos, sino para comunicarnos de una manera diferente con nuestra pareja u compañero, por su valor reforzante, ya que es placentero en sí mismo y para sentirnos deseados y desear a nuestro compañero. Es una parte esencial cuando tenemos pareja de una manera bidireccional, puede ser que debido a ciertos problemas en otras áreas (reparto de tareas en el hogar, problemas en el trabajo, etc.) está puede verse afectada, o al revés, si hay algún problema que surge en el área sexual, se vea repercutido en otro área. Pero esta relación también se puede dar en personas solteras. A pesar de que es un tema del que se empieza a hablar de una manera más natural, aun podemos encontrarnos con dificultades a la hora de compartirlo con nuestro entorno o profesionales, y a pesar de que es una parte íntima de nuestra vida, podemos aprender a normalizarlo. ¿Qué es la respuesta sexual? Abarca un conjunto de cambios psicofisiológicos asociados a conductas eróticas. El término psicofisiológico hace referencia a dos aspectos, por un lado encontramos cambios físicos en nuestro organismo; la erección, lubricación, aumento del clítoris, etc. y por otro lado está la parte psicológica, que abarcan desde nuestras percepciones sensoriales, hasta pensamientos o valoraciones sobre la satisfacción de nuestras conductas eróticas. No debemos olvidarnos de las emociones, ya que también juegan un papel importante y van de la mano de nuestros pensamientos y percepciones sensoriales, de manera que si estamos centrados en ese momento, nos dejamos llevar y focalizamos la atención en las sensaciones corporales, es más probable que disfrutemos de esa experiencia. Sin embargo, si nos enredamos en pensamientos o preocupaciones durante las prácticas eróticas, pasando por alto las caricias, besos, etc. con la idea de que termine rápido, o hemos tenido una mala experiencia previa es más probable que no disfrutemos. La respuesta sexual es un continuo donde se sitúan determinadas fases que van en progresión con las conductas eróticas, es decir, que no se puede saltar de una fase a la otra, hay que pasar por las diferentes pases para poder llegar al orgasmo. Deseo; se caracteriza por tener un componente psicológico, ya que el deseo es fruto de pensamientos o fantasía sexuales o del propio deseo tener relaciones eróticas. Excitación; es una fase con componente físico, se van dando cambios en nuestro organismo que nos preparan para poder mantener relaciones eróticas; se produce la erección, se hincha el clítoris, comienza la lubricación, etc. Pero no todo es físico, encontramos una parte psicológica de sensación de excitación subjetiva. Orgasmo; al igual que la excitación, la mayor parte de esta fase viene determinada por cambios físicos; se produce la eyaculación, hay contracciones en el útero y vagina, etc. Encontramos también componentes cognitivos de sensación de placer y estado de placer Resolución; el organismo poco a poco va volviendo a su estado inicial y aparecen sensaciones de alivio y un estado de relajación. Satisfacción sexual; esta última fase tiene sobre todo un componente subjetivo psicológico, ya que se realiza una valoración de cómo ha sido la experiencia erótica, si ha sido positiva o si hay algo que se puede cambiar para mejorarla. ¿Qué problemas pueden surgir en cada fase? Los problemas relacionados con esta área que impiden tener una satisfacción de la sexualidad son las disfunciones sexuales. Provocan malestar y afectan en nuestra calidad de vida. Vienen determinadas por numerosos y diferentes factores; se pueden deber a factores médicos, orgánicos, educativos, etc. pero los que más peso suelen tener y que explican el mantenimiento del problema son los psicológicos.  Se agrupan dependiendo de la fase de la respuesta sexual en la que se encuentre la problemática. Las terapias psicológicas están muy indicadas para el tratamiento de disfunciones sexuales porque tienen un porcentaje de eficacia bastante elevado (entorno al 80-85%). Las disfunciones que nos podemos encontrar: Fase de Deseo: Bajo o elevado deseo sexual Deseo sexual inhibido; ausencia de deseo Aversión al sexo Fase de Excitación: Excitación sexual inhibida: se caracteriza por la dificultad de excitarse. Disfunción eréctil: se caracteriza por problemas para conseguir o mantener la erección. Fase de Orgasmo: Alteraciones en la eyaculación; eyacular o después de lo deseado Anorgasmia; dificultad para tener orgasmos Insensibilidad orgásmica; dificultad para sentir el orgasmo o placer de este. Otras disfunciones  Vaginismo: dificultad para la penetración debido a la contracción de los músculos de la vagina involuntaria. Dispareunia: dolor físico en los genitales femeninos durante las relaciones sexuales Evitación sexual: miedo o ansiedad intensa ante relaciones eróticas.  "El hablar de sexo ha dejado de ser tabú, a cambio de que el tabú sea el propio sexo."(Valérie Tasso)
11.10.2016
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"No conozco el secreto del éxito. Pero el secreto del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo" (Bill Cosby) El ser humano es sociable por naturaleza, pero no por ello quiere decir que nos sepamos desenvolver bien socialmente. Las habilidades sociales nos sirven para establecer relaciones sociales satisfactorias, pero no solo dependen de nuestras herramientas o de cómo nos desenvolvemos, también de cómo gestionamos nuestros sentimientos y los de los demás. Las relaciones sociales pueden ser un arma de doble filo, ya que por un lado pueden ser nuestra fuente de bienestar, nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, nos sirve como efecto amortiguador cuando surge un problema en otra área y nos hace sentirnos bien al disfrutar de planes que deseamos con nuestros amigos o familiares fomentando nuestro autoconcepto (imagen que nos formamos de nosotros mismos) y autoestima (valoración de esa imagen que hemos creado). Pero por el otro lado, pueden generarnos mucho malestar si no sabemos cómo podemos afrontar un determinado problema o conflicto, teniendo repercusiones en nuestro estado psicológico, ya que puede aparecer emociones cómo frustración, ira o tristeza, que mantenidas en el tiempo y sumadas a un déficit en las relaciones sociales pueden favorecer la aparición de ansiedad o depresión. Muchas veces nos dejamos llevar por nuestras emociones y decimos cosas que nos vienen a la cabeza de las que luego nos arrepentimos. Estas situaciones, generalmente y aunque no todas, vienen determinadas por nuestras vivencias, experiencias sociales previas e interpretación que hagamos de la situación, es decir, que ante una misma situación social dos personas van actuar de maneras diferentes porque ambas personas no interpretan de la misma manera el lenguaje no verbal o el mensaje que se trasmite. Esto afecta en la calidad de nuestras relaciones, porque algunos de nuestros pensamientos anticipatorios pueden determinan nuestra conducta, por ejemplo si yo estoy en una parada de autobús y una persona me sonríe puedo interpretar que le agrado a esa persona o puedo interpretar que estoy haciendo el ridículo porque esa persona se está riendo de mí. Otro aspecto que influye en la manera de relacionarnos es expresar nuestra opinión. Muchas veces se generan conflictos entre dos personas que no están de acuerdo, favoreciendo que haya algún conflicto entre ambas. Por ello es importante gestionar cómo trasmitimos nuestra opinión y cómo hacerlo, debido a que nos tenemos que adaptar tanto a como trasmitir a la persona que tenemos delante, cómo a la situación de una manera correcta. Pero ¿qué es de manera correcta?  Consiste en saber qué es lo que quieres en cada momento, en no exigir, en aceptar nuestras limitaciones, en luchar por conseguir nuestros objetivos, en mantener tus ideales y en aprender a manejar y comprender de manera adecuada sus sentimientos o emociones y las de los demás. Por lo que no es cuestión solo de aprender a cómo y cuándo decir las cosas, también hay que aprender a gestionar nuestras emociones para no arrepentirnos de lo que hacemos o decimos cuando nos convertimos en pura emoción. ¿Cómo podemos gestionar las emociones? En primer lugar tenemos que conocernos, conocer cuando empezamos a enfadarnos o a qué sentimientos se están despertando y discriminar cuando nuestras emociones se encuentran en los niveles más altos. Podemos verlo como si fuéramos un semáforo, cuando estamos en verde, nos encontramos bien, tranquilos, cómo normalmente somos. En ámbar es cuando empezamos a encontrarnos irritables, molestos, notamos que nos estamos enfadando. Por último, el semáforo se pone en rojo porque estamos realmente enfadados, en este estado no es aconsejable tomar decisiones o realizar algún acto, ya que al estar influenciados por una emoción intensa, es más probable que  crucemos ciertos límites que si estamos en luz verde no haríamos, porque conocemos las repercusiones que pueden tener. Diferenciar en que color nos encontramos es uno de los primeros pasos para poder utilizar herramientas con el objetivo de reducir el número de veces que llegamos al color rojo, y es que no actuamos igual si estamos tranquilos que si estamos enfadados. Técnicas cómo relajación (respiración abdominal, relajación muscular, etc.), autoinstrucciones (frases cortas que nos orienten a nuestro objetivo), tiempo fuera (sobre todo cuando nos encontramos en el color rojo, tenemos que distanciarnos de la situación que nos está generando esa emoción) o reestructurar pensamientos (aprender a darnos cuenta de si lo que pensamos es lo que nos está causando un estado emocional determinado, de si algún pensamiento anticipatorio está impidiendo que sigamos avanzando o si tenemos algún prejuicio que nos está frenando y aprender a poner alternativas a esos pensamientos) son algunas de las que puedes utilizar para gestionar las emociones. Las relaciones sociales se ven afectadas cuando aparecen los conflictos o discrepancias entre amigos o familiares, el aprender a gestionar las emociones no solo las propias, también las de los demás, es clave para una mejor calidad de nuestras relaciones al favorecer un ambiente más cómodo y agradable, y al fomentar el bienestar psicológico y social. En resumen podemos decir que para desenvolvernos bien socialmente, no solo dependemos del contexto, también dependemos de la gestión que nosotros hagamos de nuestras emociones.
08.09.2016
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"Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón" (Mario Benedetti). Muchas veces intentamos reprimir un pensamiento con el objetivo de que así va a desaparecer y contrariamente a lo esperado, lo que realmente hacemos es tenerlo más presente. Pongamos un ejemplo, si te digo que pienses en un perro verde lo tendrás en la cabeza, pero en unos minutos  se te irá de la cabeza, sin embargo si te digo que no pienses en el perro verde probablemente lo tengas más presente en la cabeza y te cueste más olvidarlo. Cuando este tipo de pensamientos son los que tenemos cotidianamente, les estamos otorgando más importancia de la que realmente tiene y esto a su vez favorece que la aparición sea más frecuente e intensa. Ante un pensamiento "negativo" que sea recurrente, estamos generando una reacción emocional que nos genera malestar (tristeza, irritabilidad, ansiedad, etc.) y esto a su vez influye en nuestras conductas, ya que no actuamos igual si estamos contentos que si estamos enfadados y por su puesto pueden aparecer las temidas consecuencias. El problema viene cuando intentamos sacarlo de la cabeza reprimiéndolo, porque nos está generando malestar y esto causa el efecto contrario, lo aumenta. Los pensamientos son solo pensamientos y tenemos que aprender a gestionarlos para que ellos no se hagan con el control de nuestras emociones. Por más que pensemos que nos va a tocar la lotería, no nos va a tocar, no por pensar más en una cosa se va a hacer realidad. A lo largo del día se nos vienen a la cabeza muchos pensamientos y una gran parte de ellos conforme vienen se van, rápido, porque nos damos cuenta de que son una "tontería". En primer lugar, tenemos que aprender a diferenciar las preocupaciones reales de lo que son "falsas alarmas", reflexionar si esos pensamientos que tenemos rondándonos la cabeza tienen una preocupación real o no, por ejemplo una persona con fobia a los perros ve un perro a lo lejos e interpreta que ese perro es una amenaza y que le va a atacar a pesar de que el perro esta atado, con bozal y está a lo lejos, por lo que la persona se empieza a poner nerviosa o sentir ansiedad. Al discriminar, estamos marcando una diferencia, ya que estamos reeducando nuestra manera de interpretar los sucesos y por lo tanto, aprendemos a regular las emociones. Desechamos las "falsas alarmas" y por lo tanto desechamos todos esos malos ratos que nos hemos llevado. Es importante aprender a identificar las falsas alarmas, analizar si es tan importante esa preocupación y ver qué es lo que podemos hacer para solucionarlo. En el ejemplo anterior de la persona con fobia a los perros, si se para a pensar que el perro está atado, tiene un bozal puesto y está a lo lejos, la persona se va a dar cuenta de que no es una amenaza y ante esta interpretación no aparecerá ansiedad o en el caso de que aparezca será de menor intensidad, porque se ha dado cuenta de que ha sido una falsa alarma. Tenemos que escuchar qué es lo que nos quieren decir las emociones que surgen de nuestro cuerpo cuando revivimos el suceso, cada emoción es adaptativa, es decir, nos mantiene en sintonía con los sucesos que vivimos. Por ejemplo en un funeral, la emoción adaptativa es tristeza, no tiene sentido estar alegre, tenemos que aprender a escucharnos para saber cómo nos encontramos, que es lo que nuestro cuerpo nos pide y ver qué importancia le estamos dando a las cosas. Una vez que tenemos solución a esos problemas planteados, podemos dejar de preocuparnos y ponernos en acción, probablemente a veces nos equivoquemos o tropecemos y tengamos que buscar otra solución, pero tenemos que ver las cosas con la importancia que se merecen para poder tener "salud emocional". A veces también es frecuente que alguno de nuestros pensamientos o preocupaciones no tengan solución porque tienen que ver con hechos del pasado, en este caso tenemos que ver que error o errores hemos cometido, porqué hemos actuado así (a lo mejor no teníamos otra opción) y aprender de esa situación. No tiene sentido seguir machacándote por algo que no se puede cambiar, pero si tiene sentido que puedes aprender algo para que en un futuro no vuelva a pasar. El problema no son los pensamientos, sino quedarnos enredados en ellos.
23.08.2016
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La forma que tenemos de ver un problema o error suele influenciar la manera que tenemos o no, de resolverlo o afrontar el error, es decir, que una persona que a si misma se diga o piense que ante sus problemas no tiene nada que hacer, es más probable que no se vea con herramientas para hacerle frente o no se vea capaz y este adoptando un papel pasivo de la situación. Si este papel pasivo se mantiene en el tiempo puede expandirse a otras áreas, formándonos un concepto erróneo de nosotros mismos, en el que cada vez nos vemos menos capaces de enfrentarnos a los problemas. Por ello es importante que aprendamos a ver las dificultades, errores o problemas cómo retos que hagan formarnos y aprender para poder evolucionar. Una vez que se nos presenta un problema, tenemos tres caminos para elegir: Por un lado, podemos quejarnos de la situación e intentar atribuir las culpas del problema o error a la situación o a la persona con la que hemos tropezado. De esta manera no afrontamos el problema activamente, no asumimos nuestra parte de responsabilidad y por lo tanto no somos conscientes de lo que hay que cambiar. Además de que si existe una posible solución, no seamos capaces de poder alcanzarla, debido a que nuestra atención esta centrada en la parte negativa del problema o error. En otro lado del camino, podemos aceptar la situación como verdad absoluta, de manera que no podemos hacer nada por cambiar o modificarla, y que por lo tanto en futuras ocasiones ya tenemos la idea preconcebida de que hagamos lo que hagamos no se va a poder solucionar. Es otra forma, como en la anterior, de no hacer frente al problema de manera activa, porque anticipadamente ya estamos dando por hecho que ante una situación determinada vamos a fracasar hagamos lo que hagamos, lo atribuimos a consecuencias externas a nosotros y por lo tanto creemos que no podemos hacer nada por nuestra parte. El último camino que nos encontramos es el camino del cambio. Si elegimos esta opción no quiere decir que nunca más nos equivoquemos, pero si que la perspectiva desde la que observamos el problema es de que tomemos un papel activo. Si decidimos comenzar a andar seremos capaces en primer lugar, de ver estos "errores" como parte de nuestro aprendizaje, ya que si no los cometemos perdemos una de las partes esenciales del aprendizaje. A su vez hace que asumamos nuestra parte de responsabilidad y por lo tanto, nos involucrarnos en la situación. Tenemos que analizar la situación para poder saber que herramientas podemos utilizar o tenemos que aprender, para que en futuras situaciones intentar no caer en e mismo error. Y por último, nos vamos poniendo a prueba a nosotros mismos con nuevos aprendizajes, que podemos incluso generalizarlos y ampliarlos en otras áreas. Antes de elegir uno de estos caminos: Qué has aprendido a lo largo de todos los caminos que llevas andados Plantearte cuáles son los tus objetivos o metas para saber que camino es el que más se adecua a ti. Conoce qué es lo que te gustaría cambiar o si quieres mantenerte en esa posición. Qué beneficios o costes puedes sacar de cada camino. Saber cual quieres que sea tu enfoque a la hora de abordar tus problemas. "El progreso consiste en el cambio" Miguel de Unamuno
13.07.2016
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Cuento "El buscador" Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda. Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … "Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía "Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. - No, ningún familiar - dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?. El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido... El buscador, Jorge Bucay En este cuento queda muy bien ilustrado que la vida no es solamente pasar el tiempo sino la manera en la que pasamos el tiempo. No se trata de sobrevivir, se trata de vivir. Vivir experiencias, reírse, estar con los amigos, con la familia, con la gente a la que queremos. Todos vamos a sufrir situaciones dolorosas o difíciles pero no podemos tratar de evitarlas, es parte de nuestro camino y de nuestro aprendizaje, cuanto más evitemos sentir las cosas malas, más evitaremos sin darnos cuenta las cosas buenas o las contaminaremos. El miedo a que algo malo nos pase a veces nos frena a vivir momentos maravillosos. Ocurre lo mismo con los pensamientos negativos que intentan arruinarnos un buen momento, debemos aprender a diferenciar situaciones para aprender a vivirlas. Como hemos visto en el cuento, las situaciones que apuntaríamos en esa libreta no superarían el 50% de nuestros años en vida por lo que tenemos dos opciones para sacarles partido. Por un lado, las que vivamos intentar que sean especiales y vivirlas y disfrutarlas intensamente. Por otro lado, intentar arriesgarnos o conseguir que las pequeñas situaciones que no apuntaríamos a priori, sean finalmente grandes momentos. Cuestiones para reflexionar: ·         ¿Cuántos años llevas vividos realmente? ·         ¿Cuántos momentos de esos años recuerdas haberlos vivido con intensidad? ·         ¿Hay momentos de los que sientes que te has arrepentido vivir intensamente? ·         ¿Te diste cuenta mientras lo vivías de que era un momento para recordarlo o te has dado cuenta con el tiempo? ·         ¿Lo disfrutaste verdaderamente como deberías haberlo disfrutado? ·         En esta semana, en este mes… ¿Cuántos momentos serán recordados en varios años? ·         ¿Te gustaría aumentarlos? ·         ¿Qué te impide vivir más momentos o vivirlos con menos intensidad de la que se merecen? ·         ¿Con qué te queda? ¿Con lo que te frena vivirlo o con los momentos para vivir?
24.05.2016
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A pesar de que nuestra sociedad está cambiando la idea de vida sexual, no hablamos tanto de este tema como deberíamos, ya sea por miedo o vergüenza por lo que otras personas vayan a pensar de nosotros. Gran parte de estos prejuicios vienen predeterminados en algunos casos por nuestra educación sexual. Nuestros padres no nos informaron bien o no resuelven nuestras dudas, lo conciben como un tema muy incómodo. Nuestro plan B para informarnos de este tema es a través de los rumores que escuchamos (dando por hecho que son ciertos) o en otros casos, cuando por suerte o por desgracia hemos pillado a alguien realizando algún acto erótico. También obtenemos información a través de las películas porno o eróticas, las cuales nos ofrecen conductas que no se corresponden con la vida erótica normal, esto da pie a confusiones sobre las relaciones sexuales. ¿Por qué cuando vemos una película de amor tenemos claro que es algo imposible o idealizado y en cambio, cuando es una película erótica nos empeñamos en imitarlo o buscarlo? Una de las razones puede ser que nuestras experiencias con otras parejas, nos hagan más expertos en el tema de las rupturas sentimentales, además, tendemos a consultarlo con amigos; En cambio, cuando hay un problema sexual no tendemos a contarlo a los demás y por lo tanto, no tenemos tanta información ni tantos puntos de vista. Cuando sacamos conclusiones precipitadas o tenemos información ambigua o no del todo fiable, solemos formarnos teorías o ideas que “van a misa” creándonos prejuicios o mitos. Vamos a desmontar los mitos eróticos más frecuentes: ·         El sexo sólo es coito, lo demás son preliminares: esto no es cierto, el sexo es todo el conjunto de prácticas eróticas, incluidos los besos o caricias. ·         Todas las mujeres deben llegar al orgasmo durante la penetración: esto no es así, un gran porcentaje (entorno al 76%) no llegan al orgasmo durante la penetración. Esto se debe a que el orgasmo femenino se consigue mediante la estimulación directa o indirecta del clítoris. ·         Los dos tenemos que llegar al orgasmo a la vez: esto no es así, la respuesta orgásmica de cada género es diferente, anatómicamente la mujer está preparada para tener varios orgasmos, mientras que el hombre sólo suele eyacular una vez. ·         Si una mujer no grita durante el orgasmo es que no ha sido tan intenso: cada orgasmo es subjetivo, no hay dos orgasmos iguales ni maneras de reaccionar a él, un orgasmo silencioso puede ser igual o más placentero de uno escandaloso, no tiene nada que ver. ·         Sólo da placer un pene grande: La sensibilidad de la vagina está presente sólo en el primer y tercer tercio por lo que no es determinante, además, como hemos dicho antes, pocas mujeres llegan al orgasmo durante la penetración. Incluso un tamaño grande de pene puede llegar a ser molesto o doloroso. ·         El hombre tiene que durar mucho para que la mujer disfrute: cada pareja tiene su ritmo erótico y no hay tiempos estipulados, dos parejas pueden estar satisfechas sexualmente con la duración de sus relaciones y cada una de ellas dedica una cantidad de tiempo diferente. ·         Las fantasías eróticas son de pervertidos: cada persona vive su sexualidad a su manera y cada uno tiene distintas preferencias sexuales. No por querer utilizar determinados juegos somos pervertidos. Nuestro deseo es determinado, no deseamos todo. ·         Casi ninguna mujer se masturba, y las que lo hacen son unas guarras: en nuestra sociedad hemos normalizado que los hombres se masturben frecuentemente, pero no lo tenemos tan normalizado con las mujeres y lo que queremos es que puedan realizar las mismas prácticas eróticas en ambos sexos sin ser juzgados. ·         Las personas con pareja no pueden masturbarse ni ver películas porno: la sexualidad es una parte importante de nosotros mismos y tenemos que seguir cuidándola. Si nuestra pareja quiere seguir con estos hábitos, no significa que nos quiera menos o que no nos deseé. Es importante nuestra intimidad erótica y el respeto por la intimidad de tu pareja. ·         Los hombres que sienten placer con actos eróticos relacionados con el ano son homosexuales o bisexuales: no se tiene que cuestionar la orientación sexual de un hombre porque sienta placer en una zona erógena, no está relacionado, no tiene nada que ver. Es una zona que debido a las contracciones del orgasmo produce placer en ambos sexos sean de la orientación que sean.  ·         Las mujeres que se acuestan con muchos son unas putas: cada mujer tiene que vivir su sexualidad plenamente y tiene la absoluta libertad de decidir con quién lo comparte, a pesar de no sentir necesariamente amor. Esta actitud machista también la potencia la propia mujer, a veces somos las primeras en juzgar a una mujer liberada sexualmente y esto no puede seguir así. En este vídeo se comparan las relaciones en las películas porno y en la vida real: Podemos decir que la sexualidad la vamos formando con nuestra experiencia por lo que, para aumentar la calidad de nuestras relaciones eróticas, debemos hablar más abiertamente de nuestra sexualidad y obtener más información realista. “Tu sexo es Tuyo” (Sylvia de Béjar)
18.03.2016
Mi Rinconcito
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“Cavando para montar un cerco que separara mi terreno del de mis vecinos, encontré, enterrado en el jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro. A mí no me interesó por la riqueza, sino por lo extraño del hallazgo. Nunca he sido ambicioso, y no me importan demasiado los bienes materiales… Después de desenterrar el cofre, saqué las monedas y las lustre. ¡Estaban  tan sucias y herrumbrosas las pobres! Mientras las apilaba en mi mesa ordenadamente, las fui contando… Constituían una verdadera fortuna. Sólo por pasar el tiempo, empecé a imaginar todas las cosas que se podían comprar con ellas… Pensaba en lo contento que se pondría un codicioso que topara con semejante tesoro. Por suerte… Por suerte no era mi caso… Hoy ha venido un señor a reclamar las monedas. Era mi vecino. Pretendía sostener, el muy miserable, que las monedas las había enterrado su abuelo y que, por lo tanto, le pertenecían. Me fastidio tanto… … ¡que lo maté! Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas se las habría dado, porque si hay algo que a mí no me importa, son las cosas que se compran con dinero… Pero, eso sí, no soporto a las personas codiciosas…” Jorge Bucay “La codicia” ¿Cuántas veces nos mentimos a nosotros mismos? A veces nos llegamos a creer nuestras propias mentiras, demasiadas veces somos hipócritas y no nos damos cuenta que realmente no nos lleva a ningún lado. Párate a pensar en las mentiras que te sueles decir y piensa qué funciones tiene, todo tiene un por qué. Quizá es lo que te gustaría ser o es que te da miedo el rechazo social. Cada uno tiene sus propias razones y sus propias mentiras. ¿Es beneficioso para ti intentar camuflar algo de tu personalidad? Queremos que recapacitéis sobre este tema ya que liberarnos de esta especie de esclavitud puede ser fundamental para la conseguir la seguridad en ti mismo. No gastes energía en reprimirte sino en aceptarte cómo eres, todos tenemos fallos, no pasa nada. 
19.02.2016
Mi Rinconcito
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No existe una receta para el amor, o para que la relación en pareja funcione. Si que existen ciertas pautas o conductas que suelen realizar las personas involucradas en una relación sana, que favorecen una buena calidad de la pareja.  Lo que sí que es seguro es que hay que trabajar día a día y luchar por la relación, intentando ceder por cada parte y encontrar un punto medio. Acostumbrar a dar los buenos días, ya sean en persona, mensaje o llamada. Esto ayuda a aumentar el estado de ánimo. Dar las buenas noches, acostarse a la misma hora, no ir a la cama enfadados. Escribir o llamar alguna vez durante el día: no tienen la necesidad de contactar continuamente, pero si le gusta saber que la otra persona se encuentra bien. Cada uno mantiene su vida de forma independiente: cada uno tendrá su trabajo, sus amigos, sus aficiones que no tienen porque compartir con la pareja, su propio jardín privado. Esto elimina una relación tóxica o dependiente. No intentar controlar la vida de tu pareja: la confianza es un requisito básico, no podemos pretender controlar o conocer al detalle la vida de nuestra pareja, ya que sino,  no sería una relación en la que el protagonista es el amor, sino una relación obsesiva o controladora. Se hablan entre ellos tratándose con respeto, admiración y sinceridad: el respeto es otro de los requisitos básicos en la calidad de la pareja porque una vez que se empiezan a romper ciertos límites en los que se falta al respeto, la relación se verá afectada y probablemente estas faltas de respeto vayan incrementándose. Se comunican entre ellos de manera abierta y con confianza : se sienten libres de poder expresar sus miedos, alegrías, preocupaciones, etc. sobre cualquier tema. Esta característica es esencial para poder compartir nuestros pensamientos y poder abrirnos emocionalmente, facilitando un buen apoyo psicológico y una buena red social de apoyo. Compartir aficiones o pasar tiempo juntos: sacar tiempo de la semana y realizar actividades en común y diferentes, para favorecer el seguir manteniendo esa magia y poder desconectar. Solucionar los problemas de forma conjunta ayudándose mutuamente:  implicándose y dando apoyo al otro miembro de la pareja para que se sienta respaldado y su vida sea un poco mas fácil. Establecer metas de futuro o planes juntos: establecer objetivos como pareja para poder ir avanzando juntos. Mantener el contacto físico: mediante caricias, abrazos, besos, etc. tanto en la vida privada como públicamente. Mantener la llama viva: cuidar el amor con detalles, decirse palabras de afecto, expresar lo que siente (te quiero, te amo, te echo de menos, etc.), darle sorpresas, mostrar el deseo o excitación, etc. Romper con la rutina: ir a cenar a restaurantes diferentes, buscar experiencias diferentes, lugares de vacaciones diferentes, juegos sexuales diferentes, lugares donde practicar el sexo diferentes, en resumen, intentar innovar para evitar caer en una rutina que deje que la calidad de pareja comience a decaer. Emplear el buen humor: reírse juntos de las tonterías o de cosas del día a día, pasarlo bien y utilizar un toque de humor en las situaciones para quitarles tensión, dramatismo e importancia. Apoyar en los malos momentos: a veces vamos a pasar por momentos muy malos en los que necesitamos el apoyo incondicional y comprensión de nuestra pareja. Repartir obligaciones: asignar de forma más o menos equitativa las tareas del hogar, cuidado de los hijos, cuidados o asuntos familiares, cuidado de mascotas, etc. No dejar que los problemas ajenos afecten en la pareja: no pagar con la pareja los problemas que traigamos de fuera o no permitir que alguien decida sobre nuestra relación de pareja. Cada pareja tiene sus propias normas y no pretendemos que esto sea un listado de obligaciones, por lo que deberéis llegar a un acuerdo de pareja o un acuerdo común. Pretendemos ofrecer una serie de claves que pueden mejorar nuestra satisfacción en pareja.               “Amar es tener a la mariposa al tu lado con toda su libertad” (Isidro Sanchez)
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